La entrada la verdad es que no le hace ningún favor, pero una vez pasado ese horrible acceso a lo que parece un parking, se encuentran las puertas doradas abiertas por un amable botones. Y entonces te inunda el olor a rosas, lilis y jazmines que gobiernan la suntuosa recepción.
Los recepcionistas son amables y rebautizados todos con nombres occidentales, se aseguran, en un perfecto ingles, de que hayas tenido un buen viaje.
Los alrededores del hotel no te decepcionaran, con decenas de marcas como Chanel (con gente haciendo cola para entrar y todo), Hermes, Armani Exchange, Dior, etc... Por no mencionar todos los centros comercios de todo tipo donde puedes comprar desde productos de Apple a golosinas y dulces. El ferry a Hong Kong Island esta a literalmente 3 minutos andando.
Si te alojas en una habitación superior, tendrás acceso gratuito a la Langham lounge, donde puedes comer y beber tanto como te plazca. Sandwiches, pastelitos, huevos revueltos, cocktails, fruta fresca, champan... Por no hablaros de los suculentos desayunos, también gratuitos. Consulta las condiciones antes de reservar porque merece la pena.
La piscina es también un lujo muy socorrido en el clima de la ciudad. Yo me olvide el bikini y por ese motivo escribo el post aburrida desde uno de los sofás al aire libre. Si quieres relajarte en una tumbona, tienes que ser list@ porque solo hay 10-12.




















